Patricio Sánchez

Patricio Sanchez
Coordinador del Master en Gestión Empresarial del Deporte de la Universidad de Vigo
Medir el impacto económico: ¿moda o necesidad?
Doctor en economía por la Universidad de Vigo y Postgraduate Diploma in Marketing and Enterprise Skills por el Galway Institute of Technology (Irlanda). Subdirector del grupo de investigación GEN (Governance and Economics research Network) y coordinador del Master Universitario en Gestión Empresarial del Deporte de la Universidad de Vigo Sus líneas de investigación se centran en el análisis e impacto económico y en la planificación estratégica del deporte.

Pocos sectores han experimentado en las últimas décadas un desarrollo similar al deportivo.  Cada vez son más y de mayor envergadura los proyectos que se llevan a cabo desde la iniciativa pública o privada vinculadas al mundo del deporte.  Este hecho supone una repercusión económica que por su dimensión es preciso cuantificar para ser conscientes de su relevancia y poder tomar las decisiones más adecuadas.

En esta línea, juega un papel clave los modelos de impacto económico.  El objetivo de estos modelos consiste en determinar la riqueza generada en un país o región por el desarrollo de una actividad económica en un periodo de tiempo determinado. Básicamente lo que se trata es de cuantificar el flujo económico convertido en ingresos para la comunidad anfitriona.

Para el caso de los eventos deportivos, la medida de la inyección inicial de dinero identifica cuatro tipos de impactos generados por los participantes, los espectadores, las empresas patrocinadoras y colaboradoras y las administraciones públicas.  Todas ellas generan diferentes impactos económicos que deben ser calificados según su naturaleza.  En concreto, cabe hablar de tres impactos diferenciados: el directo, el indirecto y el inducido.

Atendiendo a su resultado final cabe señalar repercusiones en diferentes ámbitos económicos que es preciso cuantificar.  Entre los principales efectos se encuentra el mantenimiento y la generación de empleo, la contribución a la riqueza del territorio (PIB), la generación de ingresos públicos o el incremento de beneficios para las empresas y hogares.

La correcta implementación de este tipo de modelos exige unos requisitos para garantizar que los resultados sean fiables y reales.  Son frecuentes (y así han sido estudiados) los ejemplos de estudios con carencias tan graves que los invalidan de partida.